A 25 años de los atentados del 11 de septiembre: ¿Cuál fue su impacto en América Latina?
Chiclayo en Línea. - En poco más de una hora, cuatro aviones comerciales con
pasajeros se estrellaron en diferentes puntos de Estados Unidos en la mañana
del 11 de septiembre de 2001. Dos chocaron contra las Torres Gemelas
en Nueva York, uno se estrelló contra el Pentágono y el cuarto cayó en un
campo, dejando en total casi 3.000 muertos.
Esta serie de trágicos incidentes se reveló luego como un
esfuerzo coordinado por 19 secuestradores pertenecientes al grupo
islamista al Qaeda, que perpetraron el mayor ataque terrorista en la historia
de Estados Unidos.
La respuesta de Estados Unidos fue contundente y sus efectos
aún se perciben hoy: Afganistán, presunto refugio de al Qaeda, fue invadido un
mes después dando inicio a una guerra de casi 20 años; en 2003 llegaría el
turno de Iraq, ambas acciones enmarcadas en la llamada “Guerra contra el
terrorismo”; y los controles migratorios se endurecieron en todo el mundo.
¿Pero cómo impactaron estos atentados en los países de
América Latina, justo al comienzo del nuevo milenio? CNN consultó a
especialistas sobre los distintos efectos que los ataques tuvieron en la
región, a 25 años de un día que cambió al mundo.
Las primeras imágenes
“Creo que sentir que el coloso del norte se vio vulnerado en
su ciudad principal, el punto de referencia de Occidente, ha tenido una
tremenda repercusión en América Latina”, dijo a CNN Antonio Herrera Vaillant,
analista internacional e historiador venezolano.
“En América Latina, que es muy cercana en general a Estados
Unidos, realmente era inevitable que tuviera un impacto psicológico en sus
líderes y en sus poblaciones. Eso puso a la región al lado de EE.UU., en
general en esta situación y generó bastante solidaridad en su momento.
Al momento de los ataques del 11 de septiembre, Herrera
Vaillant, estaba siendo entrevistado por una radio en Caracas, junto al
entonces secretario de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP), el venezolano Alí Rodríguez Araque. “Araque me preguntó qué creía yo, y
le dije que estaba rezando que no fuera un ataque terrorista, que fuera un
accidente. Porque si era un ataque la reacción iba a ser tremenda”, contó.
Para Roberto Izurieta, colaborador de CNN y profesor en la
Universidad George Washington, el impacto que se vivió en función de esta
tragedia afectó no solo a Estados Unidos sino a todo el mundo y sin dudas a la
región. Ver el colapso de las Torres Gemelas, el sufrimiento y la tragedia, las
personas que se lanzaban de las torres, esas imágenes quedarán marcadas en
nuestras mentes para los ciudadanos del mundo”.
“Fue la mayor tragedia terrorista en territorio americano.
Pienso que la inteligencia estadounidense ha hecho un buen trabajo para evitar
que se repita. La imágenes de la retirada de EE.UU. de Afganistán nos recuerdan
esta instancia: ISIS sigue siendo una amenaza, al Qaeda menos porque
está más debilitado tras décadas de guerra”, dijo a CNN.
En 2001 Izurieta vivía en Arlington, Virginia, justo en
frente del edificio del Pentágono. “Mi ventana del dormitorio miraba al
Pentágono. Tenía que ir a la oficina y cuando salí del garaje vi la ola
profunda de humo. Llegué a la oficina, encendí la televisión y vi que se
incendiaba una de las Torres Gemelas, y vi en vivo como se estrelló el segundo
avión”.
Relaciones entre EE.UU. y América Latina antes y después del
11S
“América Latina y EE.UU. habían tenido en la década de 1990
un relativo acercamiento debido a comuniones de agenda y consensos políticos”,
dijo a CNN Arturo López-Levy, profesor de Relaciones Internacionales en la
Universidad Holy Names.
“Había una agenda fundamental en la cual las proyecciones
norteamericanas habían sido de alguna manera aceptadas por las elites
dominantes en América Latina”, explicó.
Manifestantes sostienen una pancarta con los retratos de los
presidentes (de izquierda a derecha) de Cuba, Fidel Castro, de Venezuela, Hugo
Chávez, de Argentina, Néstor Kirchner, de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, y
de Uruguay, Tabaré Vázquez, el 4 de noviembre de 2005 en Mar del Plata,
Argentina.
López-Levy, quien se encontraba recién llegado a Nueva York
cuando los dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, destaca tres
áreas de encuentro: la no-proliferación nuclear y la adopción de una agenda de
seguridad que incluía el terrorismo; la consolidación de la democracia
representativa; el libre comercio y la negociación de una zona de libre
comercio continental.
“Los defectos de esa agenda ya se empezaban a expresar en la
alta votación que se dio por algunos partidos de izquierda en países como
Brasil, Argentina, Uruguay y Chile”, señaló.
En 2005, durante la IV Cumbre de las Américas, la iniciativa
del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) promovida por Estados Unidos
y Canadá fue duramente criticada por los gobiernos de Venezuela, Argentina
y Brasil y desde entonces no ha prosperado.
Por su parte, Izurieta dijo que “Estados Unidos por muchos
años no ha desarrollado un plan lo suficientemente ambicioso para el continente
americano. Percibo que cada país de América Latina podría llegar a tener,
dependiendo de sus circunstancias, una plena cooperación con Estados Unidos”.
“Esto se agravó después de los atentados del 11 de
septiembre”, señaló.
Para Eric Rojo, coronel retirado del Ejército de EE.UU. y
analista político, “Washington siempre ha tenido poco interés en América
Latina, siempre ha estado más enfocado en este y oeste, en China, Japón y la
OTAN. Después del 11S se creó el Comando Norte, México reaccionó a la
mexicana”.
Aquel 11 de septiembre, Rojo se encontraba en Washington
desayunando con su familia. “Mi hijo me dijo que un avión se había estrellado,
y pensamos que era un accidente”, contó.
Estados Unidos mira hacia Oriente
Un mes después del 11S, Estados Unidos lideró, en el marco
de lo que llamó la “Guerra contra el Terrorismo”, una coalición de la OTAN que
invadió Afganistán para derrocar al régimen talibán. En 2003 Estados Unidos
invadió también Iraq. Desde ese momento, la mirada del país, y sus recursos, se
han volcado en gran medida sobre el Medio Oriente.
“Obviamente, los recursos de EE.UU., aunque enormes, no son
ilimitados, y sus patrones de gasto toman mayor prioridad donde se presume una
nueva amenaza”, dijo Herrera Vaillant. “En el nuevo orden de prioridades se
distrajo la atención a América Latina, una región que no ha sido centro de
conmociones. Por cierto, la atención de EE.UU. ha sido siempre más importante
hacia Europa y Asia”.
Para López-Levy, “al poner el énfasis en otras regiones,
termina por debilitarse la agenda de complementación de gobernabilidad
democrática, porque pasa a un segundo plano, justo en el momento de la Carta
Democrática Interamericana”.
La Carta Democrática Interamericana fue aprobada por la
Organización de Estados Americanos (OEA) precisamente el 11 de septiembre
de 2001, y establece, entre otras cuestiones que “cualquier alteración o
ruptura inconstitucional del orden democrático en un Estado del hemisferio
constituye un obstáculo insuperable para la participación del gobierno de dicho
Estado” en el organismo.
“Es importante distinguir el impacto del 11S de la decisión
de Bush de invadir Iraq. Eso tiene que ver con la magnitud. Ese impacto que le
quita atención, recursos y buena voluntad a la región, ante la decisión de
cambiar Medio Oriente completo, un proyecto neoconservador, EE.UU. se hace
intratable”, agregó.
Reforma migratoria truncada
Los atentados del 11 de septiembre tuvieron un enorme
impacto en la política migratoria de Estados Unidos y en la situación global de
los inmigrantes.
Shoba Sivaprasad Wadhia, profesora en la Universidad Estatal
de Pensilvania, ha dicho que “la narrativa sobre la inmigración cambió
drásticamente tras los trágicos acontecimientos del 11S”, en el prólogo
del libro “El efecto del 11 de septiembre y su su legado en las leyes
de inmigración de EE.UU.”.
“La mayoría de los secuestradores del 11S pudieron obtener
un visado de un consulado estadounidense y entrar en Estados Unidos a través de
un punto de inspección. Este hecho reveló una vulnerabilidad en el sistema de
inmigración y planteó al gobierno de Estados Unidos la difícil tarea de abordar
estos fallos”, señaló.
Entre algunas de las medidas resultantes figura la creación
el Departamento de Seguridad Nacional (DHS,) y la abolición del Servicio de
Inmigración y Naturalización (INS), reemplazado por el Servicio de Control de
Inmigración y Aduanas (ICE).
Al respecto, López-Levy recordó que “en el tema de las
relaciones hemisféricas había un proyecto serio de reforma migratoria. Estaba
la idea del gobierno de [Vicente] Fox, que había pedido como un tema de
política bilateral un proyecto de legalización del número altísimo de
inmigrantes hispanos en Estados Unidos”.
A comienzos de 2001 los gobiernos de Estados Unidos y
México comenzaron a discutir una posible reforma migratoria que incluía
legalizar el estatus inmigratorio de mexicanos indocumentados y un programa
ampliado de apertura a trabajadores temporarios, pero esos proyectos se
estancaron tras los atentados del 11S.
“Además, en los años 90 empieza una discusión en la OEA por
temas de seguridad por cuestiones de cambio climático. Esas dos cosas se
frustran y paralizan lamentablemente. Hay que mirarlo como una baja de la
prioridad de la región y una adulteración de la agenda”, indicó.
Rojo consideró que el impacto más fuerte en materia de
seguridad es que se empezaron a crear unas barreras en Estados Unidos que no
existían, especialmente con México pero también con el resto de América Latina.
“Para protegernos de los terroristas se redujeron los accesos y visas. Las
embajadas se volvieron fortalezas y los procesos de ingreso se hicieron más
difíciles”.
“La relación fronteriza con México no se mejora”, dijo.
Izurieta, en cambio, dice seguir a la espera de que Estados
Unidos desarrolle un “plan integral económico y social en toda la región”.
“Para mi es parte de la solución integral a los problemas de migración, primero
una reforma migratoria y luego medidas para que la mayoría de los ciudadanos de
América Latina prefieran quedarse y trabajar en sus países y no estén obligados
a migrar”.
Recategorización de las amenazas
“La agenda de seguridad pública se desvió de acuerdo a las
nuevas prioridades en EE.UU.”, dijo, en tanto, López-Levy. “La adopción del
paradigma antiterrorista no es lo más correcto para la situación de seguridad
de América Latina”.
Carlos Medina Gallego, profesor de Ciencias Políticas en la
Universidad Nacional de Colombia, recordó que al momento de los atentados del
11S Colombia se encontraba en el marco de un proceso de paz entre el gobierno
de Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
“Un proceso muy accidentado porque la correlación de fuerzas estaba a favor del
grupo insurgente y había un repliegue de las fuerzas colombianas”, dijo a CNN.
Al momento de los ataques, Medina Gallego se encontraba
desarrollando un trabajo de investigación sobre el fenómeno del narcotráfico en
el norte de Colombia, en una zona de alta conflictividad, contó.
“A partir de los atentados
del 11S, la percepción de los actores armados en general en América Latina y en
Colombia cambió, pasaron de ser grupos armados con una postura política a
narcoterroristas. Eso hizo que se transformara en el orden jurídico internacional
para tratar estos conflictos. Y hubo que esperar muchos años para que se
abrieran los diálogos de paz. Transcurrió casi una década”, indicó, en
referencia a las negociaciones iniciadas en 2012 por el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC que
llevaron finalmente a un acuerdo.
“Como
consecuencia de los atentados del 11S se transforman las relaciones militares
de Colombia y América Latina con Estados Unidos. El desarrollo del Plan Colombia, que adquiere
connotaciones regionales, es parte de ese proceso de recategorización de las
amenazas. El país se va a transformar en un lugar estratégico de la seguridad
hemisférica”, afirmó.
El Plan Colombia, concebido como una estrategia de cooperación militar entre
Colombia y Estados Unidos para la lucha contra el narcotráfico
y las guerrillas y canalizó fondos por U$S 10.000 millones, fue
lanzado en 2000. El programa
finalizó en 2016, en medio del proceso de paz entre el gobierno y las FARC. (Por
German Padinger, CNN en Español)